
Por mi afición al mundo del atletismo, estoy bastante afectado por la
tristísima noticia que salió ayer a la luz en todos los medios. Pensaba – al parecer erróneamente – que mi deporte no estaba tan intoxicado por esta lacra llamada dopaje, a pesar de algunas salpicaduras de renombre en los últimos tiempos.
Pero lo que ha salido ayer, me ha dejado estupefacto. Todavía no se sabe el alcance que puede tener, pero tiene todos los ingredientes de un “pucherito masacre”. Con todas las reservas que un caso como este (con supuesto secreto de sumario) hay que mantener, da la impresión de que lo más granado de la élite del atletismo español (entrenadores, managers, atletas) puediera estar implicado de alguna manera.
Aunque lo que me ha dejado realmente K.O., ha sido lo de
Marta Domínguez.
Hablamos de LA ATLETA por excelencia, la mujer más laureada de todos los tiempos en el atletismo español, Vicepresidenta de la RFEA y nominada al Premio Príncipe de Asturias del deporte, que está metida hasta las cejas en el asunto, y ya no es que se haya dopado (que seguramente también), es que está acusada nada menos que de tráfico de sustancias dopantes, y aquí no cabe presunción de inocencia ni pollas en vinagre; si la Guardia Civil después de un año de investigación, se mete hasta los tuétanos de tu casa para buscar, es porque saben a ciencia cierta que hay algo, máxime tratándose de alguien con la enjundia de Marta Domínguez.
Joder, es que todavía no me lo creo.
Como muchos de vosotros, también soy padre de familia. Convendréis conmigo en que el deporte, es un instrumento perfecto para inculcar el esfuerzo y sacrificio en nuestros retoños. Mi caso, el de un atleta popular, con un trabajo distinto de esa disciplina, entrenando duro simplemente por disfrute y autosuperación, creo que es el mejor ejemplo que puedo dar a mi descendencia.
Uno de mis hijos va para seis años. A nivel mediático y a pesar de que me gusta el fútbol, prefiero no ver partidos con él, para que no me vea mostrar entusiasmo y no dar así lugar a que idealice a nadie de ese colectivo, que no me inspira confianza.
Sin embargo y a pesar de que los eventos de atletismo no proliferan en TV, en un deporte poco mediatizado y espartano como pocos, sí he dado rienda suelta a mis emociones y me he sentado con él a ver los recientes campeonatos, y hemos vibrado juntos con los éxitos de los nuestros, especialmente con los de nuestra Marta Domínguez. No suelo poner la mano en el fuego por nadie, pero si me hubiesen pedido hacerlo por alguien, lo hubiese hecho por ella, sin ninguna duda.
Marta Domínguez en nuestra casa, era como la Virgen María.
Hasta que un buen día aparece toda esta mierda, y te sientes defraudado, decepcionado, timado, engañado, ultrajado… de verdad, no sé qué palabra define exactamente cómo me siento.
Uno ya tiene un discurso preparado para el día en que, cuando tu hijo cumple 10 años y llega a casa con la pregunta “¿Papá, es verdad que los Reyes Magos son los padres?” poder contestar de forma coherente y acorde a ese peldaño de madurez que suben de la noche a la mañana.
Pero ante una situación como esta… ¿ Qué cojones le cuentas ? ¿ Y por qué no viene Odriozola a mi casa a responderle ?
Hoy tenía un test de 2x4000 para ver a qué salgo en Aranjuez (os debo varias crónicas y resultados), pero sencillamente hoy no estoy de humor para lácticos.
Me voy a rodar al Cerro a ordenar mis ideas y a mirar los pajarillos.
Y mañana haré el test.
Y esta noche la doble ES: Estiramientos y Espaguetis, como tiene que ser.
Tristes saludos.